15-agosto-2005-En vez de reposar un esguince, este anyo me voy a Italia.
En los aires nuvolosos, entre un francès de 9 anyitos y el ala izquierda del aviòn me quedo hipnotizado (como siempre que vuelo), contemplando por la ventanilla las desperdigadas nuves blancas, la tierra perfilada por el inmenso mar, y esto bajo un imponente sol de agosto a mediodia, Valencia ya la dejamos atràs hace un rato. Me encanta el divertido paisaje de formas que componen el mosaico de pueblos, campos, aquella montanya y este rio; estando en un primer plano las nuves.
Un aterrizaje despuès y ya estamos en el aeropuerto de Milano, y ahora embarco en otro aviòn, pero esta vez con Napoli como destino, a mi lado se sienta una japonesa muy simpàtica de 30 anyos y que tiene los ojos de un extranyo color violeta, larga conversaciòn en inglès,(màs o menos nos comprendìamos), su marido (que està sentado un poco màs adelante) sì habla espanyol, por el hecho de haber vivido dos anyos en Barcelona. Al llegar al aeropuerto de Napoles descubro la mutilaciòn del asa de mi maleta. Luego llamo a mi amigo Michele y me indica el tren para acudir a Agropoli, donde se encuentra su casa del mar; cojo un autobùs(batidora), y por suerte conozco a una familia de italianos que se dirigian a la estaciòn, y por mera casualidad tomarìan el mismo tren que yo, solo que ellos ya habìan comprado el billete, y a al ir a comprarlo perdì el tren. Dos trozos de pizza, tres postales, la comprobaciòn definitiva de que mi movil no funciona y un par de acosos abortados de carteristas de la zona despuès, ya estaba arriba del ruinoso tren de ventanas ennegrecidas para no observar el pobre exterior urbanistico ni las bellezas naturales, el recorrido dura hora y media, un hombre filipino conversa conmigo hasta su parada quejandose de la insuficiencia de su sueldo; luego se sube un chabal napolitano que me tira los tejos pidiendome un boli, hablo con èl, y al no poder ver el exterior me paso la parada de Agropoli, donde està Michele esperando, llamo desde el movil del chico del tren a Michele y le informo de que me he pasado la parada y tengo que esperar otro tren para regresar a Agropoli, Michele se va a cenar para volver luego a recogerme, en el otro tren me ayuda a subir las maletas un chico llamado Luigi, densa conversaciòn en italiano y llegamos a Agropoli, hay una chica enorme esperando a Luigi, yo llamo a Michele con el movil de Luigi y me dice que està en camino. Luigi y la chica insisten en que nos hagamos una foto y alfinal nos la hacemos justo en el momento que llega Michele.
Al llegar a casa de Michele y presentarme a su familia noto una especie de trance comatoso, esto es debido a que por la televisiòn estan retransmitiendo un partido de futbol y esta jugando el Napoles. El padre se llama Josepe (urologo), su madre Celeste (un ama de casa italiana con un caracter fuerte), y por ùltimo, su hermano Alessandro (arqueologo).
Màs tarde, salimos por la noche con Alessandro por Agropoli; cuando Alessandro se queda hablando con unos amigos, Michele y yo contemplamos, sentados sobre las nocturnas rocas del mar de Agropoli, las cercanas olas del negrìsimo mar mientras a lo lejos un oportuno rayo ambienta el momento con su sonoro trueno justo cuando comentabamos las nuevas peliculas de Tim Burton.
Al regresar con Alessandro y su grupo de amigos me di cuenta que los italianos se van huyendo cuando empieza a diluviar vagamente, solo se quedò Deborah y su novio con nosotros tres; al despedirnos de la pareja, Deborah y yo nos debatimos haciendo fintas para poder sincronizarnos y darnos dos besos en la mejilla y no un beso en la boca.
Un aterrizaje despuès y ya estamos en el aeropuerto de Milano, y ahora embarco en otro aviòn, pero esta vez con Napoli como destino, a mi lado se sienta una japonesa muy simpàtica de 30 anyos y que tiene los ojos de un extranyo color violeta, larga conversaciòn en inglès,(màs o menos nos comprendìamos), su marido (que està sentado un poco màs adelante) sì habla espanyol, por el hecho de haber vivido dos anyos en Barcelona. Al llegar al aeropuerto de Napoles descubro la mutilaciòn del asa de mi maleta. Luego llamo a mi amigo Michele y me indica el tren para acudir a Agropoli, donde se encuentra su casa del mar; cojo un autobùs(batidora), y por suerte conozco a una familia de italianos que se dirigian a la estaciòn, y por mera casualidad tomarìan el mismo tren que yo, solo que ellos ya habìan comprado el billete, y a al ir a comprarlo perdì el tren. Dos trozos de pizza, tres postales, la comprobaciòn definitiva de que mi movil no funciona y un par de acosos abortados de carteristas de la zona despuès, ya estaba arriba del ruinoso tren de ventanas ennegrecidas para no observar el pobre exterior urbanistico ni las bellezas naturales, el recorrido dura hora y media, un hombre filipino conversa conmigo hasta su parada quejandose de la insuficiencia de su sueldo; luego se sube un chabal napolitano que me tira los tejos pidiendome un boli, hablo con èl, y al no poder ver el exterior me paso la parada de Agropoli, donde està Michele esperando, llamo desde el movil del chico del tren a Michele y le informo de que me he pasado la parada y tengo que esperar otro tren para regresar a Agropoli, Michele se va a cenar para volver luego a recogerme, en el otro tren me ayuda a subir las maletas un chico llamado Luigi, densa conversaciòn en italiano y llegamos a Agropoli, hay una chica enorme esperando a Luigi, yo llamo a Michele con el movil de Luigi y me dice que està en camino. Luigi y la chica insisten en que nos hagamos una foto y alfinal nos la hacemos justo en el momento que llega Michele.
Al llegar a casa de Michele y presentarme a su familia noto una especie de trance comatoso, esto es debido a que por la televisiòn estan retransmitiendo un partido de futbol y esta jugando el Napoles. El padre se llama Josepe (urologo), su madre Celeste (un ama de casa italiana con un caracter fuerte), y por ùltimo, su hermano Alessandro (arqueologo).
Màs tarde, salimos por la noche con Alessandro por Agropoli; cuando Alessandro se queda hablando con unos amigos, Michele y yo contemplamos, sentados sobre las nocturnas rocas del mar de Agropoli, las cercanas olas del negrìsimo mar mientras a lo lejos un oportuno rayo ambienta el momento con su sonoro trueno justo cuando comentabamos las nuevas peliculas de Tim Burton.
Al regresar con Alessandro y su grupo de amigos me di cuenta que los italianos se van huyendo cuando empieza a diluviar vagamente, solo se quedò Deborah y su novio con nosotros tres; al despedirnos de la pareja, Deborah y yo nos debatimos haciendo fintas para poder sincronizarnos y darnos dos besos en la mejilla y no un beso en la boca.

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