No se impide la entrada del diablo al Vaticano siempre que sea en su riguroso horario. Segunda parte: 24.agosto.2005
Las horas pasan, son las 07.20h del día siguiente y me acabo de despertar a esta hora tan poco vacacional para poder contemplar las reliquias más valiosas de la Iglesia católica, dos croistants para llevar cortesía del hotel, un autobús y ya estoy colandome en la cola para acceder al Vaticano. Casi una hora de espera después, y ya estoy avanzando entre los feligreses fanáticos (monjas y curas de todos los colores y latitudes me envuelven entre otros católicos menos practicantes), cuando derrepente, aparezco en una sala con una pantalla y muchas sillas en el fondo; yo pensaba que era un simple charla-introducción antes de poder ver la basilica de san Pedro, pero no, resulta que era una conferencia que iba a dar el Papa!, y una vez dentro no pude salir, porque cuando me dí cuenta ya era tarde; gente regalando estampas, rosarios y pins a diestro y siniestro, fanáticos con pancartas como: "Benedicto, Argentina te quiere!" y cosas por el estilo conseguían que yo sintiese una verguenza ajena atroz; y justamente a mi lado se sientan dos madrileñas bien entradas en la cincuentena que saben los entresijos del Vaticano público como la tapa de su W.C., seguidoras de "Radzy" pero más "Juanpablistas", no se quien saca el tema de los rojos y empezamos a contar histórias de la guerra civil española, cuando estaba poniendo verde a Franco aparece Benedicto XVI, bueno, almenos eso parece por los alaridos histéricos de decenas de feligreses atacados de los nervios que se matan por alcanzar un puesto donde estrecharle la mano al Papa o/y hacerle una foto, mientras ocurre esto lo veo por la pantalla y me parece un comunionero con boina por el traje y la estatura de palmo y medio. Tras saludar a la congregación (incluidos recién casados que han acudido para recibir la bendición del pontífice), toma asiento en su trono presidido por cardenales, un hortodoxo y la guardia suiza (vestida como no, con el inolvidable uniforme ideado por Miguel Angel); en persona te das cuenta que es muy muy feo el condenado; se pone a leer su discursito enlatado en varios idiomas, pero antes de comunicarlo en otro idioma, un cardenal va ennumerando los feligreses de las diferentes diocesis que hablan en esa lengua, con la respuesta eufórica aberrante del público aludido, incluidos los típicos gritos de guerra: Be-ne-dic-to, pum-pum-pum-pum-pum, y viva el papa!!; en su loado discurso no hace más que mencionar su reciente viaje a Alemania, atacar a la desigualdad y al fanatismo, y hacerse propaganda barata con un público que tiene más que ganado; y yo mientras irritado, confuso y muerto de miedo ante semejante jaula de histericos-crédulos; finalmente nos bendice a todos los asistentes, todas nuestras pertenencias incluidos nuestros familiares enfermos; asi que estoy bendecido por Benedicto, ¿Eso es bueno o malo? ¿Tendré algún tipo de efecto secundario por ser ateo? Entre estas dudas ando mientras al fín puedo abandonar el iberosimil lugar, encontrando la salida tras los enfermos en silla de ruedas que han acudido para ser bendecidos por el Papa.
Tras el avinagrado sabor de boca por lo acontecido, el museo del Vaticano te ofrece un plato totalmente variado y extremadamente suculento, desde el antiguo Egipto hasta las últimas tendencias artísticas; esto te hace pensar en todo lo que ha expropiado la Iglesia durante siglos gracias a la ayuda de Papas tiranos, pero al mismo tiempo tal vez no se hubiese conservado todo en tan buen estado en otras manos; un par de estatuas de mi amado Antinoo me dejan sin respiración, la capilla sixtina me encanta pero es más pequeña de lo que me imaginaba, los tapices me traen sin cuidado, el arte moderno me horroriza tras haber contemplado el arte clásico, y en la pinacoteca media docena de cuadros me subyugan de placer, así como tantas y tantas cosas del museo que ahora no recuerdo. Tras observar una copia de "la Pietá", pregunto por el paradero de la original, y me remiten a la basilica de san Pedro, lo que ocurre es que me pierdo en el lío de puertas y de colas, y acabo visitando las tumbas de los papas, donde están desde san Pedro a el reciente fiambre Juan Pablo II; hay que ver, ser papa para que le expongan a uno la tumba de forma barata (porque encima la entrada para esta sección es gratis), podríamos hacer una porra para ver quién acierta el año de la muerte de Benedicto, pero será mejor que le dejemos respirar, ha sido elegido este año, mejor al año que viene.
Gracias a Dios (o a la indicación de un seguridad del Vaticano) consigo entrar en la basilica y contemplar "La Pietá" (a lo lejos), y las famosas columnas salomónicas, y numerosas joyas artisticas que no sabía de su existencia, miro el reloj, es tardísimo, las 15.51h, y debo tomar el tren Roma Termini-Napoli Centrale a las 16.49h y nisiquiera he comprado el billete de tren, y tengo que pasar por el hotel a recoger la maleta. Cojo el bus que me separa del hotel, y en los 20min. de trayecto un joven de 18 años (más o menos) me magrea descaradamente con mi consentimiento y respuesta; tras el viaje, el calienta braguetas se marcha escoltado por sus padres y yo obtengo mi maleta y billete justo a tiempo para subir al tren un minuto antes de que partiese.
El viaje en tren sin contratiempos, luego, una vez en Napoles, acechado por carteristas y ladrones, tomo el bus al aeropuerto y regreso a casa.
Un viaje de dos aviones haciendo escala en: Roma .
Finalmente llego a casa, otra vez Valencia, otra vez la humedad, pero en casa, oigo castellano, comprendo todo lo que se pronuncia a mi alrededor y veo muchos rostros conocidos por las calles. En el fondo he echado de menos a Valencia. Un beso lectores.
Tras el avinagrado sabor de boca por lo acontecido, el museo del Vaticano te ofrece un plato totalmente variado y extremadamente suculento, desde el antiguo Egipto hasta las últimas tendencias artísticas; esto te hace pensar en todo lo que ha expropiado la Iglesia durante siglos gracias a la ayuda de Papas tiranos, pero al mismo tiempo tal vez no se hubiese conservado todo en tan buen estado en otras manos; un par de estatuas de mi amado Antinoo me dejan sin respiración, la capilla sixtina me encanta pero es más pequeña de lo que me imaginaba, los tapices me traen sin cuidado, el arte moderno me horroriza tras haber contemplado el arte clásico, y en la pinacoteca media docena de cuadros me subyugan de placer, así como tantas y tantas cosas del museo que ahora no recuerdo. Tras observar una copia de "la Pietá", pregunto por el paradero de la original, y me remiten a la basilica de san Pedro, lo que ocurre es que me pierdo en el lío de puertas y de colas, y acabo visitando las tumbas de los papas, donde están desde san Pedro a el reciente fiambre Juan Pablo II; hay que ver, ser papa para que le expongan a uno la tumba de forma barata (porque encima la entrada para esta sección es gratis), podríamos hacer una porra para ver quién acierta el año de la muerte de Benedicto, pero será mejor que le dejemos respirar, ha sido elegido este año, mejor al año que viene.
Gracias a Dios (o a la indicación de un seguridad del Vaticano) consigo entrar en la basilica y contemplar "La Pietá" (a lo lejos), y las famosas columnas salomónicas, y numerosas joyas artisticas que no sabía de su existencia, miro el reloj, es tardísimo, las 15.51h, y debo tomar el tren Roma Termini-Napoli Centrale a las 16.49h y nisiquiera he comprado el billete de tren, y tengo que pasar por el hotel a recoger la maleta. Cojo el bus que me separa del hotel, y en los 20min. de trayecto un joven de 18 años (más o menos) me magrea descaradamente con mi consentimiento y respuesta; tras el viaje, el calienta braguetas se marcha escoltado por sus padres y yo obtengo mi maleta y billete justo a tiempo para subir al tren un minuto antes de que partiese.
El viaje en tren sin contratiempos, luego, una vez en Napoles, acechado por carteristas y ladrones, tomo el bus al aeropuerto y regreso a casa.
Un viaje de dos aviones haciendo escala en: Roma .
Finalmente llego a casa, otra vez Valencia, otra vez la humedad, pero en casa, oigo castellano, comprendo todo lo que se pronuncia a mi alrededor y veo muchos rostros conocidos por las calles. En el fondo he echado de menos a Valencia. Un beso lectores.
